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A-8, la autopista que nos separa

Jon Goikoetxea

El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, cargó hace unos días contra el PNV y pidió “señalar con el dedo” a quienes lanzan órdagos “ilegales” al Estado, en referencia a la Ley de consulta del Gobierno vasco, y “juegan en la ambigüedad” en la lucha contra el terrorismo, después de que ayer ETA hiciera estallar cuatro artefactos en los municipios cántabros de Noja y Laredo.

A su entender, en un Estado de Derecho que quiere recuperar la libertad en el País Vasco y acabar con el terrorismo “no se puede tolerar” que un Gobierno autonómico proponga una consulta popular y “plantee ideológicamente lo mismo que está planteando la banda terrorista ETA” en una situación de vuelta a la violencia.

Lindezas como estas a lanzado el presidente de Cantabria siempre que ha tenido ocasión y aunque Revilla pueda  parecer un payaso, de tonto no tiene un pelo y sabe que estas declaraciones se venden muy bien dentro del electorado cántabro que realmente es lo que le interesa.

Pero estas declaraciones injuriosas me han traído a la cabeza el tema de la A-8, una autopista que en lugar de unir a los vascos de Bizkaia y Gipuzkoa, solo ha servido para separarnos, me explicare: el tramo que une Galdakao y Donostia es de peaje, mientras el que une Galdakao y Santander es gratuito, el resultado es que cada fin de semana o día festivo, decenas de miles de vizcainos salen en dirección a Cantabria mientras unos pocos cientos parten en sentido contrario, ¿cuantos vizcaínos se ven un fin de semana en Orio o Mutriku y cuántos en Laredo o Noja?.

A esto hay que añadir la famosa burbuja inmobiliaria que unida al desprecio de las autoridades cántabras por la legalidad ha dado como resultado la construcción de decenas de miles de segundad residencias -mas de un millar de ellas condenadas al derribo por sentencia judicial- que han sido pagadas con dinero procedente de Bizkaia.

Sin duda la situación económica de Cantabria no seria la misma de no ser por la inyección de miles de millones procedentes de Bizkaia que se produjo con la apertura de la A-8 , y que sigue suponiendo una constante transfusión de dinero para una economía que de otra forma seguiría basada en los sobaos pasiegos y las anchoas. Pero ya que esta situación no tiene solución, porque no se pueden poner peajes en sentido Cantabria, intentemos al menos paliarla, para ello seria necesario la eliminación de los peajes de la A-8, con lo que las relaciones laborales, personales y turísticas entre gipuzcoanos y vizcainos se incrementarían.

Ahora que la Diputacion de Bizkaia a lanzado un plan de carreteras para poder unir todas las comarcas de Bizkaia con la A-8 seria buen momento para replantearse el tema, aunque me temo que prima en la decisión de las dos diputaciones el hecho de considerar los peajes como una forma de financiación no solo de la A-8 sino también de otras infraestructuras, no se tiene en cuenta que si se eliminan los peajes se verían compensados por el incremento de la recaudación de IVA y otros impuestos derivados del incremento de las relaciones comerciales y turísticos entre territorios, a lo que hay que añadir el beneficio inmaterial que para el conjunto de la nación supone el estrechar relaciones entre vascos de Bizkaia y Gipuzkoa.

Me temo que en este tema como en otros muchos priman los provincianismos y falta una visión global, posiblemente, si la A-8 dependiese del Gobierno Vasco y no estuviese repartida entre las dos Diputaciones hace tiempo que los peajes habrían desparecido y con ello se habrían incrementado las relaciones interterritoriales y de paso, muchas de las rentas que inflan la economía de Cantabria se quedarian en nuestro país.

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