Imanol Lizarralde
Me acuerdo de las pirámides de categorías de animales que elaboraba Felix Rodríguez de la Fuente en sus enciclopedias. El penúltimo escalón lo llenaban los “predadores”, es decir, los animales cazadores que se alimentaban de otros animales. Y en el último se encontraban los “necrófagos” o “carroñeros”, aquellos que se alimentaban de los restos de los cadáveres cazados por los predadores.
Trasladando el símil de esta pirámide a la política vasca, ETA se encontraría en el penúltimo escalón; mientras que el de los “carroñeros” lo ocuparían aquellos que, cuando ETA atenta, se esmeran en culpar o responsabilizar del mismo a aquellos que no cometieron ni apoyaron el atentado. Es el caso de Joseba Arregi en su artículo Preguntas Imperiosas, (Diario Vasco y El Correo, 15-5).
Todos los analistas apuntan la coincidencia entre la próxima cita Ibarretxe-Zapatero y el atentado que ha costado la vida al Guardia Civil, Juan Manuel Piñuel Villalón. La organización armada, que se encuentra en plena ofensiva, (también atentó contra el TAV, explicitando un nuevo frente de lucha), quiso dejar su rastro de sangre en ese momento precisamente por que sabía que sería el adecuado para crear contradicciones muy beneficiosas. Y para que la atención del propio atentado se desviara hacia otras personas y colectivos políticos.
Ese es el servicio inestimable que presta a ETA Joseba Arregi. Nos habla de “la farsa de las mociones éticas presentadas en los ayuntamientos a instancias del PNV” (cuando se producen a instancias del PSOE, para que los partidos se “retraten”); habla también de que el atentado “pone a plena luz el significado y la absurdidad del plan Ibarretxe” por que mientras ETA “perciba que existe un discurso en el nacionalismo que quiere lo mismo, que quiere lo mismo, que afirma querer lo mismo, que lucha por defender el derecho a decidir, por la consulta popular, por abandonar la subordinación a España” ETA podrá “seguir… matando selectivamente”. Concluye diciendo que existe “una atmósfera de no saber si realmente existen diferencias sustanciales entre un nacionalismo y otro, de no saber si realmente existen proyectos políticos realmente diferentes entre ambos” que es responsable de que “lo que se ha conseguido en los últimos años en la lucha contra ETA no terminara de llegar a buen puerto”.
A pesar de que la política nos tiene acostumbrado a la gama de juicios más arbitrarios, la machaconería de Arregi por mentar y culpar en cualquier circunstancia a su ex partido y sus ex correligionarios llega hasta extremos llamativos. Parece ser, pues eso transmiten las palabras de Arregi, que el PSOE ya ve que las “mociones éticas” -que el ha impulsado- son un fracaso y pretende atribuir tal fracaso al PNV.
Arregi hace la vista gorda de los comunicados y los documentos de ETA, donde se rechaza de forma taxativa la consulta de Ibarretxe y su hoja de ruta, y nos viene con que ETA “percibe” un “discurso en el nacionalismo que pide lo mismo”. Lo que ETA percibe es que existe en España y en Euskadi una serie de políticos y líderes de opinión que dirán que lo que pide Ibarretxe y lo que pide ETA es lo mismo y a costa de eso sabe que sacará beneficio de sus atentados. Por que el dedo señalará a otro lado.
La “atmósfera” de que ETA y el PNV no tienen diferencias es producto de opiniones a bulto, sin matizaciones y llevadas por la mala fe, como las que se atreve a emitir Arregi tras el atentado de ETA.
Arregi nada tiene que decir de la ruptura del “proceso de paz” apadrinado por el PSOE, de los cinco años de francachela entre Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi, de que existen cargos públicos de ANV y de EHAK también gracias al PSOE… Dice Arregi que en la política democrática “no hace falta recurrir a la ética”. Su caso y el de sus jefes del PSOE es paradigmático de ello.