Ion Gaztañaga
El artículo de Imanol Lizarralde relatándonos el último capítulo que se ha iniciado con la educación y el euskara, y que tan interesado seguimiento y empuje ha tenido en los medios de comunicación del grupo Vocento, me ha hecho escribir este artículo abundando en el tema y tratando de encontrar la lógica del razonamiento del últimamente más numeroso colectivo (padres, periodistas, políticos) que sale en los medios hablando del tema.
En general, visto los resultados de una política estilo “el euskara es una lengua de museo” de las elecciones del 2001 (Fraga style), los nuevos colectivos han aprendido mucho. Los giros semánticos empleados me recuerdan a ese otro colectivo que lucha contra toda opresión real e imaginaria, que según ellos, pisa al Euskal Herria. Si un colectivo de padres no quieren que sus hijos sepan euskara, o consideran que con “aita”, “ama” y “agur” es suficiente, no llaman a su asociación “Padres contra el terrorismo lingüistico nacionalista”, “Padres por el castellano, lengua comun” o similares, sino “Plataforma por la Libertad de Elección Lingüística”. Nótese el empleo de la palabra “libertad” (sin ira libertad) y “elección”. Compárase esto con las conocidas consignas “Euskal Herria askatu”, “Inposizioaren aurka” y “Demokrazia Euskal Herriarentzat”. Suenan extrañamente parecidas.
Los satélites articulistas como Soroa hablan de luchar contra la “obligatoriedad” y perlas similares. Y ahí tenemos al fallido obispo y mesías abertzale Arregi hablando (en sus monólogos de Kalaka) de que no hay que obligar a los alumnos hablar en euskara al nivel requerido por el proyecto de ley educativa (nivel B2) mientras se queja de que sus alumnos de la universidad que han aprendido en euskara no saben hablar bien.
Una vez hecha esta introducción, centrémonos en los datos objetivos para intentar separar la paja del grano. Resulta que parece que hay personas a las que no les parece correcto que se les exija a los alumnos aprender euskara (Soroa), o por lo menos no en un nivel muy elevado (Arregi). Pero resulta que hay una ley educativa que fija que todos los alumnos debe saber al final de sus estudios un nivel correcto de Euskara y Castellano y esa ley, para disgusto de los socialistas, ha sido una ley transversal, amplia, de acuerdo, de convivencia y bla, bla bla. Y cuando ellos estuvieron en la consejería de educación no hubo intentos para cambiarla. Y resulta que el modelo A (y el B) ha resultado ser insuficiente para tener un nivel mínimo de euskara. ¿Qué solución les queda a Arregi y a Soroa? La de concitar un acuerdo transversal igual o mayor que la de la citada ley (¿no exigen esto para el Estatuto?) para cambiar la ley y hacer que el euskara sea optativo. Y si no pueden hacerlo, tendrán que aguantarse. Y si por nivel “adecuado” el nivel B2 les parece demasiado elevado, les convendría saber que un nivel B1 equivale a un título de inglés First Certificate de Canbridge, y que pueden preguntar a todos los alumnos que lo hayan obtenido y a sus padres, si dicho nivel les habilita para tener una conversación y comprensión mínima. Y se darán cuenta que ni por el forro, por mucho que Cambridge diga que es útil.
Imagínese que un grupo de padres monta una asociación llamada “Plataforma por la Libertad de Elección Matemática”. Dicha plataforma, informa que la mayoría de los alumnos aprenden la operación logaritmo, las potencias y ecuaciones de primer y segundo grados “obligados” en palabras de Soroa. Y además denunciamos que los alumnos que no aprenden correctamente dichas operaciones son privados de sus títulos de bachillerato, y que la administración usa la política “del palo y la zanahoria” (también palabras de Soroa) para convencernos. Si todo el mundo sabe que casi nadie usa el logaritmo en la vida real, porque con la suma, resta, multiplicación y división vamos que chutamos. Los avanzados como mucho usan la regla de tres. Imagínense las risas. O a lo mejor se montaría otra plataforma pro-eliminación del latín (aquellos que creen que el euskara sirve para poco para la comunicación, ¿qué dicen del latín?) o “Pro libertad de elección del origen de las especies”, donde se exija la libertad de los padres para elegir entre la teoría darwinista o la teoría teísta del diseño inteligente.
Pues querido Soroa, Arregi y su coro mediático: la ciudadanía vasca, en amplia mayoría ha decidido que el alumno, al finalizar sus estudios deba tener un nivel de euskara y castellano adecuados. La de castellano, equivalente a la que se exige en Madrid (ejque), que también hablan bastante mal castellano, debido seguramente a las escuelas de catalán que está montando Espe. Es la ciudadanía la que ha primado el modelo D porque garantiza el euskara y el castellano (los dos idiomas, querido Watson). Y la administración, con el dinero de todos, no puede financiar un modelo que se ha demostrado objetivamente que no cumple con sus deber de enseñar euskara en un nivel aceptable.
Es como si un modelo educativo (bachiller artístico, técnico, etc…) no garantizara un correcto nivel de castellano, matemáticas, educación física, filosofía, biología o similares. Sencillamente no sirve al propósito, ampliamente apoyado, transversalmente pactado, que todos nos hemos dado (cómo les gusta decir esto a algunos), y demás calificativos. Lo que sí parece claro es que Soroa y Arregi han tenido un modelo educativo deficiente que no ha desarrollado suficientemente la lógica aristotélica, porque como diría el carpintero, esto es de cajón de madera de pino.