Iñigo Lizari, alderdikide de EAJ-PNV, Donostia
Para que la Unión Europea tenga futuro de éxito y devenga en un modelo exportable será necesario que proceda a una progresiva nacionalización de la civilización que la ha inspirado para constituirse en un nuevo Estado-Civilización en el que las distintas naciones que se integren responda a comunidades naturales que opten voluntariamente por su disolución constituyéndose bajo un modelo de Eurorregión que desarrolle una tupida red de relaciones horizontales con otras instancias Euroreginonales y verticales respecto a otras Euronacionales. Y en esto va a consistir la originalidad de la Unión Europea y la razón de su necesaria exportabilidad como modelo para otros ámbitos como Sudamérica, Norteamérica, el Mundo Árabe.
El modelo de la Unión Europea es el que va a conformar una nueva geografía política mundial que permita tras un proceso secular que futuras generaciones puedan vislumbrar el ideal Kantiano de Republica Universal que se fundamente en una previa integración de estos Estados-Naciones.-Civilizaciones en una nueva organización mucho más operativa que la ONU actual. Asistimos a un proceso de globalización imparable que es preciso apoyar y tutelar para que no se torne disfuncional de tal forma que la globalización de la economía liberal arrastre consigo la globalización de la democracia liberal y junto con ello se globalice también los principios de justicia social.
El Estado-Nación no es el problema sino los modos que se han seguido en algunos casos para su formación, y no son camelos la afirmación de la existencia de diversos modelos de identificación con la nación.
Tenemos que impulsar el hecho de que Europa se pueda alguna vez constituir en un Estado-Civilización, una evolución del Estado-Nación, cuya identidad nacional descanse en la asunción de unos valores constitucionales y culturales que entroncan con su civilización. Civilización que disfruta de la seguridad de unas raíces milenarias y que comparte un modo de vida menos consumista porque su cultura ésta hecha de valores más inmateriales, lo que nos puede dar un plus de diferencia respecto a la civilización norteamericana.
Por ello los vascos, como el pueblo más antiguo de Europa, en pleno Siglo XXI tenemos que estar a la vanguardia de la conformación de este proyecto renovado como lo estuvimos antaño, en la primera mitad del siglo XX, cuando el proyecto actual no era más que una simple ilusión.